Y el tiempo se detuvo. ¿Qué pasó entonces?
No lo sé... pero fue maravilloso. De repente, lo vi todo con claridad.
Allí estaba yo, contemplando aquel hermoso cielo estrellado. Me dio tiempo a todo.
Pensar. Sobre todo, pensar.
Todo lo que sentía se proyectó en mi mente, como una película. Y pude ver, oír y sentir. Y nada existía fuera.
Allí permanecí, tumbado en la hierba. No sabía si con los ojos cerrados o abiertos. Pero, allí estaba y no me importaba nada. Todo era calma.
Ahora sé que es lo que quiero.
Y entonces... el tiempo siguió su curso.
miércoles, 29 de enero de 2014
martes, 28 de enero de 2014
Nada es suficiente
Al principio de todo, hubo NADA.
Después, oscuridad.
Y, al fin, pude levantar la mirada. Y entonces... lo vi. Me vi.
Primero fue un frío intenso, que dejó paso a un extraño nerviosismo. Y luego, hubo una luz. Y me vi. Me vi reflejado.
Era yo, con la mirada perdida.
Pero después de todo, ahí estaba, con toda mi fuerza y toda mi esperanza. Me vi. Y al fin… sonreí.
¿Sabéis que es eso que se siente cuando te ves a ti mismo sonreír? No sabría decir en que parte del camino me encontraba. Pero me daba igual, ¿sabéis por qué? Pues porque sonreía. Después de todo… sonreía, y con eso era suficiente.
Así que, cogí aire. Cerré los ojos. Respiré. Me puse mi americana y salí fuera.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)